La altura de una Alteza Real


Había renunciado escribir sobre esto, pues había entendido que algunas cosas, por mucho que intentas razonarlas con algunas personas, no conseguirás que las comprendan. No porque no tienen la capacidad intelectual para hacerlo, más bien  porque simplemente no quieren. Es un espejo que, al tenerlo delante, en forma de conceptos, les hace descubrir la propia pequeñez o mezquindad. Aquel triunfo de la mediocridad, como escribí un día sobre un papel que se perdió por allí.

Allá por 2014, en junio, cuando el Rey Felipe VI se convirtió en el Rey del Reino de España, estaba trabajando, limpiaba el salón de una señora muy mayor, estando a mi lado y que, como siempre, miraba la tele. La verdad es que aquella mañana había limpiado el polvo para un par de días, hasta donde no existía, para no perderme la Ceremonia de Coronación. Las dos, una española y una rumana, mirando emocionadísimas el acontecimiento histórico que se desarrollaba delante de nuestros ojos. Las dos, también, con los ojos humedecidos por la emoción y los recuerdos. Ella, con un poco de preocupación que se le podía leer en la cara, yo con la nostalgia de las noches cuando mi abuelo me contaba su niñez en un pueblo, en los tiempos cuando Rumanía era Reino, y sus ojos aguantando las lagrimas, mientras me cantaba el himno, aquel himno que dice “Viva el Rey, en paz y honra, que ame a su pueblo…”

Aquella niña que fui no comprendía bien el mundo y los tiempos en cuales nació y tuvo que crecer. Pero esta mujer comprende. Entiende tan bien el pasado, que enseguida comprendía que entre el Rey de su abuelo y el Rey que tenía delante, a través de la tele, había todo un parecido.

La misma altura moral, la misma dignidad, la misma comprensión del mundo en cual vivimos, y supe que todo estará bien.

Esto le dije a “mi abuelita”, como cariñosamente apodé a aquella señora mayor española: “¡Verás que será un buen Rey; todo irá bien, lo verás!” Y el tiempo  me dio  la razón.

Todo este paréntesis, para subrayar el significado de unas palabras; “Alteza Real”, “Alteta Regala”, “Royal Highness”. Una forma de nombrar o de dirigirse a una persona cuyo cargo y significado se remontan a la más lejana historia.

Claro está, también, que no todos los que han tenido el privilegio y la responsabilidad de ser nombrados “Alteza”, “Highness”, “Alteta”, lo han sabido honrar. Pero son más los que sí lo hicieron. Algunos se convirtieron, luego, en “Majestad”. No entraré en esto. Por si alguien quiere saber más sobre la historia de los títulos y como o a quien se otorgan, esta página web es esclarecedora Protocolo.org.

Sobre lo que quiero escribir es sobre la altura o, mejor dicho, la falta de altura en la política actual, y no me refiero a la altura física. Uno mide cuanto la herencia genética de su familia le deja medir.

Me refiero a la altura moral que tienen algunas personas públicas, que, a pesar de no estar entre nosotros, sus ejemplos siguen estando allí, para quien quiere leer o estudiar sus vidas.

Un personaje así de emblemático fue Su Majestad Miguel I de Rumanía. No me perderé en la cronología de su vida. También, quien quiere saber, encuentra.

Pero sí puedo comprender al hombre que un día fue exiliado de su país, que trabajó un trozo de tierra en una finca de Inglaterra, vendiendo lo que producía, para vivir con su familia. Me extraña que mis rumanos trabajando fuera de Rumanía, en los campos, no se puedan poner en su piel y comprender. Igual, los que tienen algún negocio allá donde eligieron vivir en el extranjero. Pero Su Majestad tuvo que aguantar la maquina apisonadora de vidas y suertes que fue la propaganda del comunismo.

Aguantar todas las mentiras que te ponen en la espalda (por ejemplo, que al salir de tu país, te habías llevado no se sabe bien cuántos tesoros, cuadros…) y que todavía encuentren a quien se lo crea entre los rumanos, mientras que tú, a pesar de todo, sigues amando a tu país, sigues trabajando y apoyando a los que se han quedado atrás, sin que ellos lo sepan. Como bien decía Su Majestad en un documental, sin la fe en Dios, pasando por lo que habían pasado, no hubieran resistido; se hubiera vuelto loco.

Hay que vivir, chocar de frente con la maquinaria de la mentira y la manipulación que algunos desatan, para poder comprenderle íntegramente.

Aun así,  desempeñas la función que un día has jurado cumplir, no para tu propio bien, sino por el bien de los que lideras; aun siendo el Rey cuyo Reino arrebataron, el Rey que cortó la Segunda Guerra Mundial, siendo muy, muy joven y tomando decisiones tan difíciles.

Esta es altura de miras, es Alteza Real.

La misma que vi en el Rey de España y se deja entrever en la Princesa de Asturias.

En la edad cuando otros niños juegan sin preocupaciones, Su Alteza Real Leonor, Princesa de Asturias, ya sabe que tendrá encima de sus hombros, pequeños todavía, todo el peso de tantas vidas.

Sabe que el Toisón no es una joya que se puede comprar y regalar, como dijeron algunos (sabiendo que manipulan y mienten, al decirlo), sino que es una larga e interminable lista de deberes que tendrá, además de los deberes del cole.

Aprenderá que lleva colgada la distinción, de forma invisible, todo el tiempo, hasta cuando todos duermen tranquilos en sus camas. Y la llevara más aun, en los momentos duros, de soledad, cuando tendrá que tomar decisiones difíciles, cuando podrá fiarse solamente de ella misma y callar el llanto, el dolor o las traiciones, por un bien mayor, el de su país.

Una Alteza Real pequeña, todavía, pero que tiene la altura en la mirada, si sabes ver.

 

P.D: 

Para los que no saben, como yo tampoco lo supe pero lo descubrí por querer enterarme, aquí tienen los interesados una cita de la pagina web de El Prado, muy esclarecedora para la historia del Toisón de Oro: El tema representado en esta bóveda es la Alegoría del Toisón de Oro, homenaje a la monarquía española precisamente en el reinado del último rey de la dinastía de los Habsburgo españoles o Casa de Austria. Se conmemora en ella la fundación de la Orden del Toisón de Oro, creada por los duques de Borgoña, que trajo a España el rey Carlos I que también era señor de aquel ducado. En torno a una esfera celeste con los signos del Zodíaco de la que pende la condecoración que lleva aparejada esta orden real (una cadena de oro con un corderillo, también de oro) se agrupan multitud de figuras alegóricas, que aluden al poder político de la monarquía.” (descripción de la Bóveda de la Biblioteca de El Prado, espacio conocido como El Salón de Luca Giordano, situada en el edificio El Casón del Buen Retiro. Luca Giordano (1634-1705), artista napolitano, fue llamado en 1692 por Carlos II para decorar la escalera y las bóvedas de la Basílica de El Escorial (1692-1694), continuando después en el despacho y dormitorio (destruido) del monarca en el Palacio de Aranjuez; el Casón del Buen Retiro (c. 1697); la sacristía de la catedral de Toledo (1698); la Real Capilla del Alcázar (destruido) y San Antonio de los Portugueses (1699). La llegada de Felipe V en 1701 y el inicio de la Guerra de Sucesión provocaron la vuelta de Giordano a Nápoles en 1702, tres años antes de su muerte, en 1705)

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